Falleció a los 81 años el obispo emérito de Matanzas, tataranieto del Padre de la Patria

MATANZAS,Cuba.-Pasión por predicar el Evangelio, dejar en manos de Dios el rumbo de la propia vida, seguir a Jesucristo también en el desprecio y la persecución. Estas son claves compartidas hace tres años por el obispo cubano Manuel Hilario de Céspedes García Menocal, fallecido en la noche del 26 de marzo en Matanzas, a los 81 años.
Al cumplir 50 años de vida sacerdotal, el 21 de mayo de 2022 compartió algunas claves de su sacerdocio y pidió perdón por no “haber anunciado con pasión su Evangelio, no haber “asimilado el golpe del desprecio” como discípulo de Jesús y a veces haber “osado pedirle cuenta a Él”. ¿Ese mismo día reconoció que “el Señor no ha dejado de estar presente en mis infidelidades y pecados”.

Único descendiente directo del Padre de la Patria, el general Carlos Manuel de Céspedes, quien fue su tatarabuelo, Mons. Manolo, como le llamaba todo el mundo, fue sacerdote en Pinar del Río y obispo de Matanzas desde 2005, hasta que dejó su pastoreo por razones de salud.
Quienes trabajaron con el entonces Padre Manolo, en Pinar del Río o con el ya Mons. Manolo, obispo, han recordado su “amistad y sencillez, la pobreza y el espíritu de sacrificio, la relación íntima con Dios, el amor a la Patria, la alegría y el regaño … No podíamos dejar de quererlo muchísimo y desear estar siempre cerca de él”.
Al conocerse la noticia de su muerte, las redes sociales se han hecho eco, subrayando que ha sido “un cubano de honda raíz patriótica, un cristiano coherente y profético, un sacerdote ejemplar y un obispo solícito” que promovió el laicado, “animando y permitiendo a los laicos a asumir las responsabilidades propias de su vocación y misión laical. Ferviente devoto de la Virgen de la Caridad y del Padre Felix Varela”.
El último de cinco hermanos en el seno de una familia católica, había perdido a su padre con sólo dos años y siempre habló de su madre como “mujer de fe sólida y de fidelidad sin fisura a la Iglesia, mujer humilde y fuerte, valiente, generosa, cubana por los cuatro costados que sacó adelante a sus hijos”.

Uno de ellos, Carlos Manuel, fue también sacerdote y como él alumno de primaria y secundaria en el Colegio Champagnat de los Hermanos Maristas, en la Víbora.
Al recordar su vida sacerdotal Mons Manolo habló de momentos significativos de su vida y de su vocación y de como había hecho lo que aprendió de su madre que solía decir: “Aquí estoy, para servir a Dios, a la Patria y a usted. Sé que sirviéndole a usted, sirvo a la Iglesia. Deseo servirla hasta el último aliento. Como hijo de ella deseo morir. Ven Señor Jesús!”. Sus deseos ya se han visto cumplidos. ¡Descanse en paz¡
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HOLGUÍN CATÓLICO