MAISÍ QUEDÓ DESTRUÍDO TRAS EL CICLÓN MATHEW

El Obispo de Guantánamo -Baracoa visita las comunidades

baracoatejadossmBARACOA, Cuba.-Tres días después del paso del huracán Mathew sobre el territorio de su diócesis de Guantánamo Baracoa, el Obispo, Mons. Wilfredo Pino ha podido recorrer parte del territorio y constatar la destrucción y también los signos de solidaridad.

“Realmente, los destrozos han sido grandes. Muchísimas matas de palma y de coco han perdido todas sus hojas. Los demás árboles tienen solamente troncos y ramas porque sus hojas ya no existen. Y ¡cuánto daño han recibido las casas!” compartía el Obispo con después  del huracán.

“En los municipios de Baracoa, Maisí e Imías han quedado muchas de ellas sin techo y no pocas totalmente destruidas”, comentaba, dando gracias porque no se hablaba de víctimas mortales.

Se había constatado que resistieron las casas que tenían sus techos de placa. Un ejemplo es la nueva iglesia de los Adventistas del Séptimo Día en la carretera a Sabana “en donde pasaron el ciclón, y se salvaron, varias decenas de personas”..mapa-baracoa

A las 5:45 de la mañana después del paso del ciclón el Obispo salió con una misionera de Imías, Chebita y el chofer Mario para visitar las comunidades afectadas. Le llevó 20 horas llegar a su destino.

La carretera estaba destruida en Bate-Bate (camino junto al mar) .La furia del mar había arrojado montones de arena y piedras de distintos tamaños que impedían el paso. Alli, cansados de apartar piedras para que el carro pasara, tomaron un terraplén cercano… y quedaron atascados. Pudieron salir gracias a tres hombres que pasaban en una motoneta. “No se nos olvidará nunca su gesto porque se empaparon con la lluvia que caía y se enfangaron. Dios les pague” recordaba Mons. Willy. Por fin visitaron las comunidades de San Antonio, Imías y Cajobabo para compartir con sacerdotes, religiosas y laicos.
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En Cajobabo, en una casa de placa habían pasado el ciclón 75 personas. “Y allí llegaron las primeras lágrimas recogidas: una señora que conozco lloraba, junto con su nieta, porque habían perdido el techo y sus “cuatro” cositas. La realidad era que, a medida que nos acercábamos a Baracoa, los daños se veían mayores”.farola

Por el camino por la loma de la Farola contaron 21 derrumbes “aún por limpiar por lo que supongo que habrán sido unos 30, o lo que es lo mismo: uno por kilómetro”. Todo el camino por La Farola iban apartando las piedras con las manos y así la máquina avanzaba.
Llegando a Baracoa un enorme derrumbe hizo imposible el continuar. Y desde Baracoa llegaron las autoridades y le invitaron a pasar a pie el derrumbe e ir para la ciudad en alguno de los jeeps que habían venido.

“A la entrada de la ciudad, ya empecé a ver los daños. Nuestra iglesia de Cabacú, dedicada a la Virgen del Carmen, estaba en el suelo. Solo había quedado en pie la pared del fondo. Finalmente pude entrar en la Casa Parroquial de Baracoa a la una y treinta de la madrugada, casi 20 horas después de haber salido de Guantánamo destino Baracoa”.

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Derrumbes en el viaducto de La Farola

Después de vistos “por arribita los daños en los municipios de San Antonio, Imías y Baracoa, solo faltaba pasar a Maisí. Por fin el Obispo llegó el día 7 después de varios intentos: las dos carreteras de acceso estaban colapsadas: una por un puente roto y la otra por estar llena de árboles y postes del tendido eléctrico caídos (son más de 1,000 en la provincia, según el periódico).

Al llegar el Obispo vio que Maisí está destruido. “Hay imágenes de casas desplomadas que recuerdan las fotos que todos vimos de cuando el terremoto en Haití.

Visitó La Sabana, La Máquina, La Yagruma y la Punta de Maisí. “Todo estaba tan destruido y tantos árboles desaparecidos que parecían lugares donde nunca habíamos estado. ¡Tanto había cambiado su aspecto!”baracoaroofs

Allí se dedicó a “levantarle el alma a la gente. A escucharles contar lo vivido y escuchar de sus labios el agradecimiento a Dios por estar vivos “que es lo más importante porque lo material se arregla”…

Como siempre, aprendí muchas cosas de la gente sencilla. Sin bajarme de la máquina conversaba con una familia a la que no le dimos nada material, solo nuestros oídos y nuestro aliento. Cuando nos íbamos, el jefe de la familia nos pidió: “Vuelvan otra vez”.
HOLGUIN CATÓLICO

( Descargar aquí el-texto-de-Mons-Willy)

 

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