LA PACIENCIA SEMILLA DE ESPERANZA

HOLGUÍN, Cuba.- Todos los años, cuando se acerca el mes de octubre, me llaman desde la comunidad de Guatemala (Preston) y, en un giro gramatical que llama la atención, a la vez que me preguntan, quien me habla también confirma: “Padre, ¿es verdad que Ud. viene el 15 para la fiesta de Santa Teresa? Lo esperamos. Gracias”.

Es verdad que todos los años me esfuerzo por compartir con esa querida comunidad su fiesta patronal. La celebramos de frente a la línea del horizonte, muy cerca del agua de la Bahía de Nipe. Y año tras año, rezamos las Letrillas de Santa Teresa:

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza;  quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta”.

Imagen de Sta Teresa sobre las murallas de Ávila
Imagen de Sta Teresa sobre las murallas de Ávila

En una entrevista al Papa Francisco, éste dijo: “Veo la santidad en el pueblo de Dios paciente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar a casa el pan, los enfermos, los sacerdotes ancianos tantas veces heridos pero siempre con su sonrisa porque han servido al Señor, las religiosas que tanto trabajan y que viven una santidad escondida. Ésta es, para mí, la santidad común. Yo asocio frecuentemente la santidad a la paciencia… como constancia para seguir hacia delante día a día”. ¡Esa ha sido la paciencia de nuestra Iglesia!

Esa paciencia no ha sido cruzarse de brazos, aunque tantísimas veces no haya podido hacer lo que hubiera querido, pero sigue adelante, no se detiene, no refunfuña, no se amarga, confía, mantiene el ritmo de la espera.

Esa paciencia es la de la catequista que, año tras año, sábado tras sábado, reúne a su grupito de niños y los orienta hacia el encuentro con Jesús que, poco a poco, en ese caminar participa de los Sacramentos y crece. Ella quisiera una mayor perseverancia y unos frutos más abundantes, pero eso no condiciona su entrega, sino que continúa sembrando la semilla y lo hace con constancia, alegría, buen humor.

Esa paciencia es la de la comunidad que no tiene templo porque se cayó cuando el paso del huracán o aún antes, y se sigue reuniendo en un local chiquito, caluroso, que se moja cuando llueve. Y, en ocasiones, sus miembros comparten con alegría cuando se bendice el nuevo templo en el pueblo vecino, y ellos no se quejan, ni protestan, ni se desaniman, ni se comparan, sino que continúan viviendo y celebrando su fe con confianza hasta que Dios lo permita.

Esa ha sido la paciencia de una generación que ya no está y que dejó marcada en la historia de nuestras comunidades la huella de “la fidelidad en lo poco” con el testimonio de la ofrenda callada y, a su vez, fogueada en la constancia paciente de vivir cada día orientándose hacia el amor a Dios y al prójimo en el seno de la Santa Madre Iglesia.

La herencia de este testimonio es la que nos hace descubrir que la paciencia forma parte del núcleo germinal de donde brota la esperanza. Así lo explica San Pablo cuando escribe a los Romanos: “los sufrimientos producen paciencia, la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida una esperanza que no defrauda porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones” (Rom. 5,3-5).

Ese es el fundamento de la enseñanza espiritual de esta Santa del siglo XVI quien, en medio de muchas dificultades, integró en su vida la relación con Dios con una acción paciente y fecunda, como maestra de oración, escritora, y fundadora de conventos de carmelitas por toda España. Santa Teresa de Jesús demostró con su vida que: “La paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta”. Esa es la paciencia que cimienta la virtud de la esperanza que los Obispos de Cuba –en comunión con el Papa Francisco– deseamos que aumente en nuestros corazones para que, de esa forma, anime la vida de cada persona y de todo nuestro pueblo. La esperanza cristiana se apoya en la certeza de que Dios cumple    su promesa.

¡Ánimo!, sigamos adelante, el Señor va a nuestro lado y la Virgen de la Caridad hace el camino con nosotros.

  (Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín, Octubre de 3013